LA ACTIVIDAD COMERCIAL EN BARQUISIMETO
LA
ACTIVIDAD COMERCIAL EN BARQUISIMETO
Fuente de la foto: Pixabay
El carácter mercantil de
Barquisimeto y en general las actividades económicas y comerciales de la urbe se desarrollaron con
gran empuje debido fundamentalmente a la posición geográfica de la ciudad,
encuentro de caminos hacia los llanos, los Andes y el mar, hacia donde iban o
llegaban mercaderes con productos de otras provincias en largas recuas de
mulas. La población de Barquisimeto se incrementa porque llegan muchos
forasteros y comerciantes de las provincias cercanas. De acuerdo con los datos de
los censos de 1873 a 1950, para 1873, Barquisimeto tenía 6.850 habitantes; para 1891 se
incrementa a 9.093. Más tarde, en 1926 ya era de 12.109 y para 1936 llegaba a
36.429. En 1941 sube a 54.176 y ya para 1950 era de 105.108. En todo ese lapso
señalado, la población de Venezuela había variado entre 1.784.194 a 5.034.838 (Gormsen,
Erdmann, 1965:67).
Mercados rurales: del burro
al ferrocarril
La Venezuela del siglo XIX es un
país agrario, de provincias aisladas. El interior nacional produce bienes
agrícolas o pecuarios, especialmente café, los cuales transitan de las zonas de
producción al puerto, de donde salen para los EE.UU. y Europa. El
centro-occidente del país se comunica con Puerto Cabello La actividad comercial
consiste fundamentalmente en la exportación de productos agrícolas y materias
primas. Las casas importadoras se ocupan de traer objetos manufacturados y
bienes ya procesados. La sal se trae en burros desde la Vela de Coro a Carora y
desde allí hasta Barquisimeto, Quíbor y el Tocuyo. Cuando se inaugura la
carretera que conduce de Duaca a Aroa en la época del gobierno de Jacinto
Fabricio Lara en 1877, aumenta la afluencia de carga y pasajeros, utilizando
coches y recuas.
Hasta finales del siglo XIX,
el mercado de la región de Barquisimeto se circunscribía, fundamentalmente
hacia lo rural. En esos tiempos algunos prósperos bodegueros ya se dedicaban al
comercio intermediario de productos de importación que recibían en los puertos
de Tucacas y Puerto Cabello. En largas recuas de mulas y burros llevaban café,
papelón, cueros de chivo, maíz y otros productos que compraban a casas
comerciales, se dirigían a la costa y volvían en el camino de vuelta con
mercancías importadas que vendían en sus propios negocios al detal y parte en
otras tiendas de la ciudad y otros poblados.
Cuando la palabra valía
El
comercio en Barquisimeto, como en todo el país, se hallaba en una situación
bastante simple, basada prácticamente en una economía de trueque y compra-venta
personalizada de vendedor a comprador, donde la palabra tenía valor de
compromiso y responsabilidad. A fines del siglo XIX el comercio se percibía como
lo había descrito el explorador francés Depons en 1806, cuando declaraba
que en el país no se conocían las bolsas de valores o aquellos sitios donde
pudieran reunirse los comerciantes, sino que cada uno trabajaba independientemente,
recogido y en silencio (Depons, 1806: 371).
Signos
de progreso
Patio cubierto de la antigua Casa Blohm de Barquisimeto
(Gormsen, 1965)
El ferrocarril representa el progreso en 1891 cuando se inaugura la etapa
de la expansión comercial. Barquisimeto ahora tiene salida hacia el mar por el
puerto de Tucacas. Este hecho amplía la actividad exportadora, principalmente
café como se acotó anteriormente, estableciéndose para esa época, alrededor de
1900, las grandes casas comerciales que abren filiales en Barquisimeto, como
Blohm de Caracas, Boulton de Puerto Cabello y Senior de Coro, siendo estas con
la de Calderón e Hijos y García Hermanos, las que centralizan y dominan el
comercio de exportación del café y otros productos, no solamente del estado
Lara, sino también de otras entidades estadales.
Las primeras grandes casas
comerciales que se establecieron después de la construcción del ferrocarril
trajeron consigo un auge económico importante para Barquisimeto. Esto se
manifestó ya en 1914 con una considerable densificación y expansión de las
áreas edificadas principalmente al oeste de Barquisimeto y una ampliación hacia
el norte buscando comunicación con la estación del ferrocarril (Gormsem,
Erdman, 1965, op. cit. p. 81-82). Asimismo, algunas tiendas
locales pequeñas de extranjeros se dedicaban a negocios intermediarios de
importación y exportación, que a la par de los grandes establecimientos atendían
en sus abigarrados depósitos las mercancías traídas por el ferrocarril Bolívar.
Tratábase
de comerciantes que, a diferencia de los “pulperos enfranelados”, ya no tenían
necesidad de viajar hacia la costa en lentas recuas desde Carora, El Tocuyo,
Acarigua o Guanare, sino que ahora podían abastecerse de mercancías en el
propio Barquisimeto, adoptando esta última ciudad las funciones de un puerto
terrestre. Para los años 30 en Barquisimeto todavía se compraba café en
costales a los intermediarios o grandes hacendados de manera particular y a un
precio establecido entre ellos, pero tales frutos se almacenaban en los
depósitos tal cual llegaban del campo. Luego se enviaba el café a Puerto
Cabello, donde se sometía a un proceso de limpieza, clasificación y ensacado
con el fin de prepararlo para la exportación. Tiempo después este procedimiento
ya no era necesario efectuarlo, pues esas mismas labores se hacían en
Barquisimeto, así como también los trámites aduaneros, saliendo de la ciudad
los talegos para ser enviados por el ferrocarril Bolívar directamente al barco
para su exportación.
Se
vende de todo
Las empresas comerciales no se especializaban
en una sola especie de mercancías, sino que vendían toda clase y variedad de
productos importados, tales como láminas metálicas, malla de alambre, whisky y
licores de todas clases, jabones, lámparas de petróleo, cigarros, herramientas,
máquinas de coser, cámaras fotográficas, productos farmacéuticos, aparatos
médicos, botas de hule, ropa, sombreros, telas y toda clase de mercancías
secas. Las pocas casas de comercio más importantes en todos los ramos mercaderiles
están todas situadas en la parte central de la antigua Calle del Comercio
(avenida 20 entre las calles 24 a la 28). Negocios más especializados como los
textiles y ropa confeccionada, dada su importancia como productos de
importación, se establecieron en las cercanías de los grandes almacenes.
Surgimiento
de la Calle del Comercio
A mediados del siglo XIX, cuando ya la ciudad había comenzado a expandir e incrementar su comercio, ya las calles que representaban la tradición citadina como lo eran la Ilustre Americano, Regeneración y Libertador, enmarcadas dentro de los límites que van desde la actual calle 21 al este y la calle 28 al oeste, ya se hacían insuficientes dado el intenso desarrollo de su comercio, por lo que se extienden a límites superiores que las demás calles paralelas. La necesidad hace que se forme una nueva calle más al norte, donde se establecen comercios y negocios de compra-venta que se abren a las perspectivas futuras de la ciudad. Nace entonces la llamada calle del Comercio.
A mediados del siglo XIX, cuando ya la ciudad había comenzado a expandir e incrementar su comercio, ya las calles que representaban la tradición citadina como lo eran la Ilustre Americano, Regeneración y Libertador, enmarcadas dentro de los límites que van desde la actual calle 21 al este y la calle 28 al oeste, ya se hacían insuficientes dado el intenso desarrollo de su comercio, por lo que se extienden a límites superiores que las demás calles paralelas. La necesidad hace que se forme una nueva calle más al norte, donde se establecen comercios y negocios de compra-venta que se abren a las perspectivas futuras de la ciudad. Nace entonces la llamada calle del Comercio.
Las tiendas eran casas
La calle del Comercio, que se
prolongaba ya a partir de 1870 hasta el cruce de la actual calle 30, era, como
su nombre lo indica, esencialmente dedicada a asiento de negocios de compra y
reventa, por lo que tenía también un ámbito mayor que las demás calles
paralelas. O sea, que desde el siglo XIX, la arteria fue tomando un marcado
matiz, nítido, definido como zona comercial hasta el punto de que las
residencias de familias de la mejor posición económica, no estaban ubicadas
allí y eran excepcionales las personas que vivían por esa calle. Salvo,
naturalmente, quienes tenían como morada la parte interior de los negocios y
estos eran, en general, las familias de comerciantes extranjeros, los que
ayudaban a las labores del patrón (Felice Cardot,
Carlos, 1967: A-3). Se puede considerar entonces que la todavía llamada
calle del Comercio era la más larga de la ciudad en sentido este-oeste.
Pero sólo se cuidó de que fuera meramente comercial. En todo su curso no se
construyó ni una pequeña plazoleta, ni un templo, ni un edificio público, ni
nada que señalara alguna iniciativa distinta a la de los propios particulares.
(…). Se puede decir entonces que la calle del Comercio fue obra de los
particulares y está mayormente ligada a la ciudadanía que a las esferas
estatales o municipales, pues estas no han realizado, posiblemente en todo el
curso de la vida de la ciudad alguna obra de progreso efectivo que los venga a
vincular con la principal arteria de la urbe (salvo, naturalmente, los
sucesivos pavimentos que se han puesto, los “recortes de aceras” y el
alcantarillado y acueducto de imprescindible necesidad y de obligatoria
ejecución (Felice Cardot, Carlos, op.cit, p.A-3).
Nuevas calles para el comercio: prolegómenos de El
Manteco
Luego
de los años 30, con el incremento de la población y la necesidad de
alimentarla, hizo su aparición otro tipo de comerciantes mayoristas que no
trataban con productos de importación, sino con productos alimenticios y de
otra índole propios del país que eran llevados anteriormente por los propios
agricultores al mercado. En las cercanías de la ciudad hay pocas posibilidades
de cultivo, por lo que de Portuguesa llega maíz, yuca y caraotas; plátanos y
cambures del sur de del lago de Maracaibo. Frutas y verduras de la Andes; el
ganado viene del municipio (antes distrito) Torres y de los llanos, rumbo al
matadero municipal, construido en 1936-1937 para el abastecimiento de carne. Muchos
de esos comerciantes eran emigrados del campo y por su reducida e inicial
fuerza económica, este sector de intermediarios se ubicó en un lugar de la
ciudad que para 1938 todavía no estaba edificado en su totalidad y los terrenos
podían adquirirse a buen precio. Estos comerciantes se establecieron hacia el
oeste de la calle 30 y a lo largo de las carreras 21, 22 y 23, en la zona que
con el paso del tiempo se transformaría en el mercado El Manteco.
En
esta zona encontramos los pilones de maíz, que abastecen a la misma ciudad y
algunos sectores del campo. También los fabricantes y comerciantes de
alpargatas, elaboradas estas, por lo general, en talleres caseros, donde se
muestra la división del trabajo entre hombres y mujeres. Los hombres cortan la
suela y fijan por la parte superior la pala o capellada hecha de hilos de
algodón de diversos colores que las mujeres tejen en pequeños rústicos telares
manuales. Las alpargaterías son almacenes de materia prima y productos
elaborados que son vendidos a comerciantes minoristas y vendedores ambulantes y
compradores rurales. En 1950 había 12 alpargaterías en la ciudad que empleaban
a 667 personas, de acuerdo con el censo de ese año (Gormsen, E. 1965). Las
personas que calzan alpagatas, por su íntima relación con el mundo rural, están
consideradas como pobres, que no pueden comprarse un par de zapatos. En un caso
similar están los zapateros remendones, con 46 talleres de reparación.
REFERENCIAS
Depons,
F. (1806). Voyage a la parte orientale de la Terre-Ferme dans l’e Amérique
Méridionale (1801-1804). 3 vols. Paris.
Felice Cardot, C. (1967). La avenida 20. El Impulso, 18-05-67.
Gormsen, E. (1965). Barquisimeto. Una ciudad mercantil en Venezuela.
Caracas. Editorial Arte.


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