Barquisimeto y su Plaza Mayor
Barquisimeto
y su Plaza Mayor
La
ciudad colonial hispanoamericana nace de la convergencia de factores políticos,
naturales y materiales utilizados en la construcción de las urbes. En términos
políticos las políticas monárquicas españolas se dirigían por medio de las
instrucciones, en principio generales y luego más específicas, de las
diferentes maneras de disposición urbanística y territorial.
La
arcilla, el barro, el ladrillo, la piedra y diferentes especies leñosas y
herbáceas, constituían los sencillos elementos constructivos de las primeras
viviendas españolas, que debieron tomar primeramente de los modelos indígenas
encontrados por los conquistadores. Posteriormente serían incorporados, una vez
que se hubo compenetrada y asentada en los territorios la conquista, modelos
hispanos de planta de casas netamente españolas con patio central, fachada,
balcones, aleros y zaguanes, espejos de las construcciones de tradición europea
peninsular.
¿Cómo
eran las ciudades que habrían de fundarse en las todavía ignotas comarcas de
los nuevos reinos? ¿Qué forma debían tener esas villas y pueblos? Las legislaciones de la Corona y del Consejo
de Indias, Pueblas, Fueros y Partidas para la fundación y construcción de
ciudades, prescribían los usos, prácticas e instrucciones que desde el siglo
XIII europeo conducían a los trazados rectilíneos de las calles y la
disposición de plazas y espacios públicos. Esta ordenación urbana regular provenía
de estrategias españolas de conquista territorial en la península frente a la
invasión varias veces centenaria del islam, constructora de ciudades medievales
de compleja disposición espacial.
El
trazado de las ciudades europeas e islámicas conocidas por los conquistadores
provenía de la época medieval, con su falta de organización estructural del
espacio urbano y de la compleja e irregular organización espacial, como
consecuencia de la inexistencia de una planificación previa o de regulaciones
constructivas. La disposición irregular del plano citadino no presenta un
perfil definido, sino que se muestra una apariencia caótica y anárquica, con calles
sin orden previo, desordenadas, la mayoría de las veces estrechas y tortuosas.
Las calles no presentan una misma anchura a lo largo de su recorrido y los
edificios la misma altura o posición (Doncel, J. (2013).
Con
frecuencia, el plano radio concéntrico, se mostraba como un tipo de ciudad,
cuyo principio se basa en la convergencia de todas las calles en un centro o
punto de origen, que podía ser un castillo, una iglesia, catedral, abadía u
otra edificación de tipo religioso, una plaza, una fuente o monumento o un
mercado o sitio de reunión, tales como festividades o torneos (De Terán, F.
(1998).
De
acuerdo con los estudiosos de la urbanización hispanoamericana, entre ellos
Palm (Erwin Palm, Los
monumentos arquitectónicos de la Hispaniola. Santo Domingo, 1955),
"se traslada al Nuevo Mundo una tradición de la Reconquista, que es el
trazado a cordel de las nuevas ciudades lo cual, en la Península, marcaba en el
suelo la impronta cristiana frente al laberinto de las ciudades árabes".
Tal es el caso de las fundaciones tempranas españolas, en el trazado de Santo
Domingo (1502), Santiago de Cuba (1511) y de San Juan de Puerto Rico (1510), donde
el modelo cuadricular se encuentra ya bastante definido, donde varias calles
rectas son cortadas por otras, también rectas, definiendo así una retícula de
manzanas cuadrangulares diferentes (De Terán, F.
op. cit.).
Es
indudable, al menos teóricamente, que el trazado de las ciudades fundadas por
España en tierras americanas habrían de resultar de la presencia de ciertas
influencias y antecedentes de realidades urbanas preexistentes de formas
usuales de trazados conocidos por los europeos desde antes de la colonización.
También hay que contemplar la influencia de una realidad urbana precedente,
como lo es la existencia de trazados de pueblos indígenas precolombinos, y
sobre los cuales los españoles muchas veces se basaron para proyectar y
construir sus propias ciudades. La presencia de la población indígena fue un
factor influyente para el establecimiento de la ciudad española, por razones
políticas, económicas y religiosas.
Todo un ceremonial caracterizaba
la traza de la célula primitiva o inicio de la ciudad que era, como en todas
las fundaciones coloniales españolas, una plaza o terreno en torno a la cual se
irían anexando las cuadras o vía públicas. Representa la Plaza Mayor el centro
físico y urbano más representativo del trazado cuadricular. La plaza es el
comienzo de la ciudad y por ende el más antiguo sitio.
A su alrededor se levantarían las
construcciones y edificios reales de los poderes públicos, civiles, militares y
religiosos: la iglesia catedral, el ayuntamiento, las casas reales y la cárcel
se construían, a veces con ligeras variantes, en solares cuyos frentes dan a la
plaza. Podían también
pertenecer a ese conjunto otros edificios, como el palacio episcopal, la casa
parroquial, la residencia del gobernador o de la autoridad civil de alto rango
y algunas casas de familias principales
Tal
es el caso de las fundaciones tempranas españolas, en el trazado de Santo
Domingo (1502), Santiago de Cuba (1511) y de San Juan de Puerto Rico (1510), donde
el modelo cuadricular se encuentra ya bastante definido, donde varias calles
rectas son cortadas por otras, también rectas, definiendo así una retícula de
manzanas cuadrangulares diferentes (De Terán, 1998).
En cuanto a las concepciones urbanísticas españolas trasplantadas de Europa,
las características formales de las ciudades se nos presentan,
fundamentalmente, en el trazado ortogonal, bien sea cuadrado o rectangular, las
dimensiones de las calles y sus intersecciones, el emplazamiento y ocupación de
las manzanas y edificaciones dentro del conjunto urbano, especialmente las
plazas, y entre ellas, la Plaza Mayor.
Las
legislaciones de la Corona y del Consejo de Indias, Pueblas, Fueros y Partidas
para la fundación y construcción de ciudades, formaban parte de los usos,
prácticas, herencias e instrucciones que desde el siglo XIII europeo se
avocaban a los trazados rectilíneos de las calles y la disposición de plazas y
espacios públicos. La ordenación urbana regular era resultado de estrategias de
conquista territorial frente a ciudades medievales de compleja disposición
espacial.
Las
plazas de las ciudades europeas conocidas por los conquistadores provenían de
la época medieval. Tales plazas eran de formas, tipos y dimensiones muy
variadas, originadas por las dimensiones de las calles, formas y tamaños de las
manzanas, así como también de la ocupación y las características de los
edificios en cuanto a lo formal y su dimensión, además de la falta de
organización estructural del espacio urbano en la España medieval y de la
compleja e irregular organización espacial.
El
esquema clásico dentro de la inclusión de la Plaza Mayor en el entramado
citadino proporciona el discernimiento del papel que cumple el espacio vacío de
la plaza, desde donde parten, en forma más o menos equidistantes, las calles
por sus cuatro esquinas hasta conformar una disposición de conjunto: dos calles
por cada esquina y cuatro manzanas por cada lado delimitan el espacio de la
plaza.
La
Plaza Mayor tiene entonces la función centrifugadora de la ordenación de la ciudad,
como principio generador, tal como lo prescriben las Ordenanzas de
Descubrimiento y Población de 1573 y en la Leyes de los Reinos de las Indias,
editada en 1681, como recopilaciones de las disposiciones oficiales en materia
urbana y administrativa de las colonias españolas de ultramar.
En
estas ordenanzas, el modelo de ciudad disponía los elementos que precisaban el
trazado tipo tablero de ajedrez, que procuraba la construcción de manzanas
cuadradas o rectangulares a partir de la Plaza Mayor. Esta última, como en
muchos trazados regulares españoles, estaba rodeada por edificios
gubernamentales y eclesiásticos, tales como el ayuntamiento, la gobernación, la
iglesia parroquial y casas de los señores principales. En ocasiones, la iglesia
se construía dentro de la plaza, ocupando parte del espacio vacío, como en el
caso de ciudades de Barquisimeto y Santo Domingo, República Dominicana.
Se
acostumbraba a dejar una pequeña plazoleta en el frente de las otras iglesias
edificadas en distintas ubicaciones. En algunos casos, hacia los lados de la
plaza y en las bocacalles de sus ángulos, se construían arcadas. Es de advertir que la ubicación de estos
elementos y aun de la localización de la propia Plaza Mayor podían variar (plaza
excéntrica, adyacente a la costa o un río, como el caso de Lima) y por lo tanto
la posición de las principales edificaciones de carácter civil, comercial,
gubernamental y eclesiástico.
Distintas
legislaciones en materia urbanística contienen disposiciones generales no solo
sobre el trazado de las calles, sino también sobre cómo afecta el clima a la
salud de los habitantes. Las Ordenanzas de Descubrimiento y Población, firmadas
por el rey Felipe II en 1573 determina y prescribe los sitios más proclives
para fundar una ciudad (Ordenanza N° 40); la Ordenanza N° 112 y la 116
especifican las variantes de la ubicación de la plaza, de acuerdo si la ciudad
sea costera o del interior del continente y que “las calles en lugares fríos
sean anchas y en las calientes sean angostas... “(de Terán.op. cit.). En este
sentido, desde 1573 e incluso mucho antes, la Corona ya había adoptado el
modelo canónico clásico del trazado reticular para la formación de ciudades.
Barquisimeto, una ciudad, una plaza
Aunque no se tiene el acta de
fundación de Nueva Segovia de Buría por haberse extraviado, la ceremonia ha
debido ser semejante a la descrita en la declaración de Sebastián Díaz de
Alfaro, presente en la fundación de Caracas por parte de Diego de Lozada, quien
a su vez estuvo en la fundación de Nueva Segovia:
…mandó poner
una picota donde habría de ejecutarse la justicia (el centro de la plaza) y
subió en su caballo con todas sus armas y echó mano a su espada y rodeados de
todos los pobladores, dijo en altas voces, como en aquel sitio poblaba en
nombre de Dios y de su Majestad una ciudad, a la cual ponía por nombre de
Santiago de León, y que si hubiese alguna persona que lo quisiera contradecir,
que saliera en lo pedir, que él lo defendería, y en señal de posesión, con la
espada desnuda dio al mismo tiempo un golpe sobre el madero, y todos los
circunstantes a una voz contestaron: Viva el Rey, Nuestro Señor. Repetida esta
ceremonia, al final de la tercera vez con la mayor solemnidad, Losada declaró fundada
la ciudad de Santiago de León de Caracas. (Querales, Ramón, 2000. La comarca mancillada. p.p. 200-201).
En la ciudad de
Barquisimeto llama la atención que la iglesia no se encuentre ubicada a un lado
de la Plaza Mayor o frente a ella, sino dentro de la misma, en la esquina
noroccidental del cuadrilátero que conforma la manzana de la plaza. Ese espacio
existente al sur de la iglesia constituía al principio parte del centro de la
ciudad en su último traslado, mientras que la actual plaza Bolívar (antes
llamada plaza Miranda), se formó con la demolición y remoción de los escombros
de las construcciones existentes, producto del terremoto de 1812 y además de la
necesidad de extenderse hacia el norte, por lo que el punto original de la
ciudad aparece desplazado hacia la orilla (Gormsen, Erdmann, op. cit. p. 34).
La Plaza Mayor de Barquisimeto quedaba entonces en la cuadra comprendida entre
las carreras 15 y 16 y las calles 25 y 26. Parte de ese terreno de la Plaza
Mayor es el que hoy vemos frente al edificio del Museo de Barquisimeto, carrera
15 de por medio.
Es curioso
observar que la Plaza Mayor de Barquisimeto, aun habiendo mucho espacio plano y
descampado hacia el norte del borde de la meseta, donde se hubiera previsto el
futuro crecimiento de la urbe en forma equidistante hacia los cuatro puntos
cardinales, se haya trazado a pocos metros de la orilla sur de la planicie.
Esto se debió a factores naturales como lo era la cercanía de las fuentes de
agua y las comunicaciones.
Hay que hacer unas observaciones de rigor frente a lo que representaba
dicho plano en la realidad urbana de Nueva Segovia de Barquisimeto, y es que, de acuerdo con el estudio del cronista Ramón Querales,
plano y descripción son de épocas diferentes. Mientras la descripción es de
1579, el plano pudo haberse elaborado 17 años antes, a finales de 1562 o
principios de 1563, correspondiente al tercer asiento de la ciudad (Querales,
Ramón, 2003. La Comarca Mancillada).
Desde
los días de Buría, de acuerdo con Querales, R. (op.cit.), la población inicial
de la fundación en 1552 estaba compuesta por 64 personas españolas, entre
encomenderos con sus mujeres e hijos. Los vecinos que aparecen como dueños de
los solares en el plano de 1579 suman un total de 26, sin embargo, de acuerdo
con la Relación de ese mismo año eran 32. Esta discrepancia numérica se explica
porque plano y Relación son de épocas distintas y aluden a realidades y aun
espacios geográficos diferentes.
. En Buría permanecieron por cuatro
años, antes de mudarse al segundo asiento en las inmediaciones del Valle del
Turbio en 1556, tomando así el nombre de Nueva Segovia de Barquisimeto por
estar junto al río llamado así en lengua indígena. Un tercero y cuarto traslado
se hizo después de la batalla librada contra Lope de Aguirre en 1561.
Apenas unas pocas calles: de
Santiago, de Mar, de Damas, de San Cristóbal y la calleja de El Tocuyo. La
calle de San Cristóbal es la actual calle 25; la calle de Santiago corresponde
a la carrera 16; la calle de Mar y la calleja de El Tocuyo son las carreteras
hacia el este y el oeste, respectivamente; la calle de Damas es la que conduce
al Valle de las Damas, hacia el Yaracuy y Cojedes. Pocos vecinos, como consta
asimismo en el citado plano. La llamada Plaza Mayor quedaba entonces hacia el
lado sur de la iglesia de la Concepción y lo que es actualmente la plaza
Bolívar era en tiempos pretéritos una manzana con casas construidas durante la Colonia,
las cuales se derrumbaron a causa del terremoto en 1812. En 1852 el padre
Macario Yépez pidió a sus antiguos dueños la donación de esos espacios para ser
demolidas las ruinas y construir la nueva plaza de la Concepción.
En el año de 1779 el obispo Martí,
con motivo de su visita pastoral a Barquisimeto (ya se llamaba así, obviando el
Nueva Segovia) hizo practicar un censo de la ciudad, dando un resultado local
de 814 habitantes y un total global de unas 8.000 almas en toda la provincia.
Todavía existía el Hospital de San Lázaro.
22 años más tarde, en 1801, el cronista Eliseo Soteldo en sus Crónicas de
Barquisimeto refiere el estado en que se haya la ciudad entre 1801 y 1810. Nos
dice que Barquisimeto tenía en ese entonces unos 10.000 habitantes y tenía seis
calles longitudinales que discurrían de este a oeste. La ciudad no pasaba de
donde está el barrio de Altagracia. La última calle longitudinal y que de ahí
en adelante era la sabana hacia el norte, era la calle Real, llamada después
Libertador y actualmente la carrera 19, que era donde se encontraban las
pulperías (Soteldo, Eliseo, 1952, p. 15).
Durante los siglos XVIII y XIX
Barquisimeto fue una ciudad pequeña y silenciosa que había crecido muy poco. Lo
que pudiera llamarse el centro de la ciudad o casco urbano estaba compuesto por
unas 20 o 25 manzanas. Había muchos terrenos, solares baldíos y corrales donde
en el futuro, en muchas ocasiones, los circos y teatros ambulantes llegarían
para representar sus actos.
Comparada con otras ciudades
venezolanas, Barquisimeto no tendría diferencias significativas en cuanto a su
estratificación social y desarrollo demográfico en la tranquilidad del
kilómetro de largo de la ciudad, la cual se podía atravesar a pie en 10
minutos.
Las iglesias existentes son la de
Concepción, San Francisco, Altagracia (que para esa fecha estaba situada frente
al sitio que una vez ocupó la cárcel pública y años después el Asilo Corazón de
Jesús) y la de la Paz. Hay dos en construcción: San Juan y San José. El
cementerio estaba situado en donde hoy está la iglesia de Altagracia actual.
Se sabe que Altagracia funcionó como iglesia
parroquial después del terremoto de 1812 hasta 1865, cuando es restaurada la
antigua Catedral (iglesia de San Francisco). Era a su vez la “Iglesia del
Sagrario”, por lo que en sus archivos se encuentran libros de bautizos de la
antigua Catedral, mientras funcionó como parroquia provisional.
REFERENCIAS
REFERENCIAS
De Terán, Fernando (1998) La plaza mayor de la ciudad hispanoamericana: transferencia cultural y lógica formal [Documento en línea] Disponible: http://oa.upm.es/14145/1/laplazaenEspa%C3%B1aeIberoam%C3%A9rica.pdf. Consulta: 04-12-2018).
Doncel,
José. (2013). Las historias de Doncel. (Blog didáctico de historia y
geografía). [Documento en línea] Disponible: http://jadonceld.blogspot.com/2013/07/plano-urbano-irregular-tipologia-de.html
Consulta: 10-01-2019.
Gasparini, Graziano (1961). La arquitectura colonial en Venezuela. Caracas: Ediciones
Armitano.
Gormsen, Erdmann (1965).Una ciudad mercantil en Venezuela. Caracas:
Editorial Arte.
Palm,
Erwin (1955). Los monumentos
arquitectónicos de la Hispaniola. Santo Domingo, República Dominicana.
Querales, Ramón (2003). La comarca mancillada. Barquisimeto: Concejo Municipal de Iribarren.
Soteldo, Eliseo (1952). Crónicas de Barquisimeto 1801-1854. Caracas: Ávila
Gráfica.


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