El país de los enanos en Venezuela

Omar Garmendia

NICOLÁS FEDERMANN Fuente

La primera referencia relativa a la existencia del país de los enanos en Venezuela de debe al oficial alemán de la Casa de los Welser, Nicolás Federmann, quien el 12 de septiembre del año 1530 emprendió un viaje de expedición y descubrimiento que lo llevaría desde la ciudad de Coro en Venezuela, hasta las fértiles comarcas del valle del río Turbio en Barquisimeto. En esa dramática travesía el germano transitó por ignotas tierras ancestrales de diferentes naciones indígenas y que hablaban diferentes lenguas: jirajaras, ayamanes, cayones, ajaguas y caquetíos.Dicho viaje quedó documentado en las memorias o diario del alemán, Historia indiana, (Indianische Historia), publicada en 1557 y conocida entre nosotros por la traducción del francés al español de Pedro Manuel Arcaya en 1916.

El 15 de septiembre había llegado al territorio de los Xedeharas (jirajaras) en lo que actualmente es la sierra de San Luis, al sur de la ciudad de Coro, estado Falcón. El 23 de septiembre llega a Hittoua, último pueblo jirajara, al sureste de la actual Churuguara (aunque algunos historiadores lo ubican en Urucure). El 1° de noviembre, después de 50 días de haber salido de Coro, con 110 españoles a pie, 16 a caballo y 100 “naturales caquetíos”, llega al valle de Barquisimeto, luego de atravesar las áridas sabanas de Carora, atravesar el río Tocuyo por la zona de Siquisique, pasar por Arenales y Atarigua, hasta llegar a Coary (hoy Buena Vista), a unas tres millas del valle del Turbio o Barquisimeto.

Aunque todavía existe mucha discrepancia, dubitaciones y aun contradicciones en torno a la ruta seguida por Federmann, se sabe por su diario que el 1° de octubre atraviesa el río Tocuyo y al llegar a una de las aldeas ayamán, enemigos naturales de los jirajaras, desde ahí intenta subir a la montaña o país de los enanos, tal como le habían informado los jirajaras que traía de Coro.

Los caciques o señores de esta aldea son enemigos de los enanos de la montaña donde, (…) comienzan a habitar estos últimos, sin ninguna mezcla o casta.

(Arcaya, 1916: 40).

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Aseveraban los jirajaras que en lo más profundo e inextricable de las sierras llamadas de Parupano y Matatere, habitaba un pueblo, de acuerdo con la descripción de Federmann, que aunque todos pertenecían a la nación ayamán, algunos de esos hombres y mujeres eran de muy baja estatura y otros de mejor disposición y altura de cuerpo: “…Los más altos eran de cinco palmos (alrededor de un metro con 50 centímetros) y algunos de cuatro, pero bien proporcionados de cuerpo con relación a su altura”. Sin embargo, desiste de esa correría de subir a la montaña por lo escabroso del camino para sus hombres y caballos y por razones tácticas y poco provechosas en lo económico. Dice Federmann en su diario:

Después de haber andado cerca de una legua llegamos a montañas tan abruptas que era difícil y peligroso hacer avanzar los caballos. Me apercibí bien pronto que el camino se hacía cada vez más impracticable y aunque hubiésemos atravesado ya un paso, encontraríamos otros parecidos a cada media legua, que así nuestra marcha se haría muy lenta y los enanos tendrían todo el tiempo necesario para apercibirse de nuestro arribo y podrían defender la entrada de sus montañas o abandonar sus aldeas. Aun cuando pudiéramos llegar hasta sus habitaciones se ocultarían fácilmente en parajes donde hubiera sido imposible encontrarlos, y aun podrían atacarnos en puntos donde corriéramos mayor peligro que ellos.

(Arcaya, op.cit. p. 40).

Habiéndoles preguntado Federmann a los naturales la razón de esta diferencia, respondieron que tiempo atrás, según recordaban sus mayores, hubo una gran mortandad entre la nativos ayamán debido a una peste y ellos que hasta entonces habitaban la zona sin mezclarse, al morir una gran cantidad de indígenas enanos se vieron en la obligación de confederarse con otros pueblos por no tener suficientes hombres para defenderse de sus enemigos los jirajaras que habitaban más al norte y casarse con sus mujeres. Por ese motivo algunos de ellos tenían mayor estatura que otros.

¿Existió tal pueblo de enanos en las comarcas que hoy pertenecen a los estados Lara y Falcón en Venezuela?

Conviene hacer algunas observaciones sobre este asunto. Escasos e incompletos han sido los estudios arqueológicos y antropológicos que hayan determinado las características fenotípicas del hombre ayamán con anterioridad a la visita de Federmann en 1530. Alfredo Jahn en 1910 aceptaba la existencia de personas de muy baja estatura. Igualmente, Luis Oramas acepta la versión de Federmann sobre la existencia de enanos. Antonio de Naveros y Alonso Vásquez de Acuña, acompañantes del ario teutón, en un informe enviado al rey en torno a la partida y exploración afirman: “…hallamos a unos enanos que no llegaban a la cintura de un hombre de mediana estatura y aun a esta ciudad trajo el dicho teniente dos hombres de ellos y son de otra nación que se llaman coyones…” (ANH, 1962, II, p. 285).

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Es de hacer notar, de acuerdo con Querales (2013: 94) que el descubrimiento por parte del antropólogo Adrián Lucena Goyo de un cementerio indígena contentivo de osamentas de indígenas supuestamente ayamanes en el bulevar de Quíbor en Venezuela, hizo difundir y divulgar la idea de la existencia de “pigmeos” en el valle de Quíbor. Según este cronista, esto demandaría una explicación al hecho de la existencia de una necrópolis de individuos de la etnia ayamán en territorio gayón. La conclusión de Querales no se hace esperar: el cementerio localizado por Lucena, sean de pigmeos o no, podría ser gayón, no ayamán (p. 94), lo que pudiera corroborar lo afirmado por Naveros y Vásquez de Acuña en 1530.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la relación del germano, fue llevada por un escribano en primer término en idioma castellano y luego traducida al alemán por Federmann. Cuando se habla de una nación de enanos, es decir los ayamanes mencionados por los jirajaras, jamás se menciona la palabra “pigmeo”, sino enanos o gente de baja estatura.

Pero hay voces disidentes, voluntarias o involuntarias sobre la existencia de tales enanos o pigmeos. Documentos sobre Encomiendas entre 1618 y 1621 (unos 90 años después de Federmann) y la minuciosa relación del obispo Mariano Martí en 1776 (246 años después de Federmann), no hacen ninguna mención de la estatura de los ayamanes, aspecto este tal vez de escaso interés como para indicarlo en tales reportes.

Del mismo modo, en nota al pie de página Arcaya (1916) comenta este aspecto, dubitando y aun negando la existencia de tales enanos:

No podía Federmann dejar de seguir el espíritu fantaseador de su época por eso en su Relación, por lo demás bastante exacta, introdujo la fábula de que eran pigmeos o enanos los ayamanes. Que es una pura fábula lo que dice del tamaño de estas gentes lo demuestran las consideraciones siguientes; 1. Pérez de Tolosa en sus cartas no habla de una cosa tan extraordinaria como sería la existencia de toda una raza de pigmeos en Venezuela. 2. Que Castellanos tampoco dice nada de esto y se ocupa en sus Elegías del viaje de Federmann. 3. Que la descendencia de los ayamanes, que habita hoy el Municipio San Miguel, conservándose muchas familias de pura raza indígena, no se distingue en el tamaño de sus individuos, de modo notable, de los demás habitantes de Falcón y Lara.

(Arcaya, op. cit. p 42).

En Carohana, pueblo ayamán, y en cada poblado como era costumbre –dice Federmann en su diario- intercambió regalos con las tribus, consistentes en cuentas de vidrio, algunas joyas de oro obtenidas de otros pueblos y que acostumbran llevar, algunos cuchillos y tijeras y hablarles de la fe cristiana. El doce de octubre de 1530, Federmann visitó al último pueblo de la nación de los Ayamanes, donde comienza otra nación, la de los Cayones. Pero eso es otra historia.

Sin embargo, es sugestivo pensar, a pesar de lo dicho por Arcaya, lo que Federmann anotó en su diario y fue que:

“El cacique o señor me presentó y regaló también una enana de cuatro palmos de altura, de bella y buena proporción y figura, que dijo ser su mujer, pues esto es habitual entre ellos para confirmar la paz. La acepté a pesar de que se portaba mal y lloraba mucho, porque creía haber sido regalada a demonios, pues por estos nos toman, y no por hombres. Llevé esta enana conmigo hasta Coro, donde quedó, pues no quise sacarla de su tierra, porque ella, como los demás indios, no viven mucho tiempo fuera de su patria y especialmente en tierras frias “.

REFERENCIAS
Academia Nacional de la Historia (1962). Descubrimiento y conquista de América. Caracas: ANH.

Arcaya, Pedro M. (1916). Narración del primer viaje de Federmann a Venezuela, Tr. Pedro Manuel Arcaya. Caracas: Lib. y tip. del Comercio.

Aspectos históricos del Valle de Barquisimeto y de su secular vocación agrícola (1999). Barquisimeto: Unidad del Cronista Municipal. [Documento en línea]. Disponible en: https://es.scribd.com/document/162197887/Aspectos-Historicos-Valle-Del-Turbio (Consulta: 03-05-2018).

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